El León y las ovejas


Esta es la historia de un leoncito que, habiendo quedado huérfano nada más nacer, fue adoptado por un rebaño de ovejas.

El felino se crió entre los corderos, pensando que era uno más de ellos. En lugar de rugir, berreaba y comía pasto en vez de carne. Lógicamente, huía, al igual que sus compañeros, ante la presencia de los animales predadores.

Un día, mientras pastaba felizmente junto a sus hermanos de crianza, apareció un ferocísimo león dispuesto a comerse alguna oveja. Cuando el fiero animal vio que, entre la manada, caminaba sin inquietarse otro león, quedó perplejo. No entendía por qué las ovejas no huían de él ni por qué el joven felino no las perseguía.
Se acercó agazapándose para observar más de cerca qué era lo que sus ojos veían, y así pudo comprobar que su igual en especie no era rival para él. Lo que nunca imaginó es que, cuando se lanzó a perseguir las ovejas, el león joven salió corriendo detrás de ellas para proteger también su vida.

El felino feroz se detuvo en seco, sin poder creer lo que estaba pasando, y sin pensarlo dos veces se lanzó sobre el miedoso león, indigno de su especie.
El leoncito, aterrorizado, comenzó a suplicarle:
“Por favor no me comas, no me comas, soy una pequeña oveja que ningún daño te ha hecho”.
El león adulto no podía creer. Después de sacudir su cabeza en un afán por mantener la cordura, lo agarró entre los dientes por el cuello y lo llevó a un estanque cercano. Allí lo arrojó, obligándolo a ver su rostro reflejado en el agua, y le dijo:
“Mira, tú eres un león igual que yo. No eres una simple oveja, eres un LEÓN”.

Las limitaciones de nuestro cuerpo y nuestra mente nos hacen creer que somos seres pequeños, vulnerables y limitados, sin saber que nuestra Esencia es infinita y posee todo el poder del universo. Sólo hace falta descubrirla, desvelarla y ver por dentro lo que realmente somos: un reflejo de lo Absoluto. Leones espirituales y no ovejas perecederas y mundanas.

Comentarios